Actividad
Cuando te sientas preparada…
Te invitamos a conectar con tu cuerpo sintiéndote en el aquí y el ahora:
- Toma un par de respiraciones profundas, inhalando y exhalando.
- Recuerda que todo lo que aparece en este momento merece ser honrado.
Ahora que estás conectada con el cuerpo en el momento presente, comenzamos…
Todas las personas poseen diferentes identidades que habitan su ser. Un componente esencial del proceso de sanar incluye crear espacio para que todas las entidades de tu ser puedan sentirse miradas, sostenidas y finalmente integradas de la mejor manera posible.
El trauma puede nublar y fragmentar la mente cuando nos adentramos a reflexionar en nuestra propia historia. Concentrar la atención y la consciencia en cómo nos percibimos a nosotras mismas, con todo lo que conforma nuestro ser, nos puede brindar una gran claridad y fortaleza.
Si has vivido experiencias de abuso o violencia sexual, o te han tocado sin tu consentimiento, nos gustaría recordarte que tu identidad no se reduce a ser víctima o sobreviviente de aquella experiencia. Fuiste, eres y seguirás siendo un ser humano, una hija, una persona que creaba, entre muchas otras cosas. La siguiente actividad te invita a un ejercicio corto de escritura para dimensionar y valorar todas las partes que te conforman. Así, podrás destinar tiempo de calidad a aceptar y abrazar cada una de tus identidades con amor, y a imaginar la sensación de integrar todo aquello que te hace ser quien eres.
La actividad es la siguiente:
Para empezar, en una hoja en blanco, dibuja cinco nubes alrededor del borde de la hoja. Luego, dibuja cinco círculos dentro del perímetro de las nubes. Ojo, te recomendamos que el tamaño de las nubes y los círculos sea suficiente grande para que puedas escribir dentro de cada uno. Por último, en el centro de la hoja, dibújate como quieras. Puede ser un dibujo sencillo o más detallado.
Cuando ya tengas lista la hoja, elige cuatro identidades que sean parte de tu ser y escribe una identidad en cada círculo.
Es perfectamente normal si te sientes estancada en esta primera parte. Intenta ser paciente contigo misma y brindarte el tiempo y el espacio que necesites para avanzar en la exploración a tu ritmo.
Una opción que te podría acomodar sería programar un temporizador por dos minutos para reflexionar sobre quién eres y cuáles son tus identidades. Para ello, usa otra hoja y completa la siguiente frase: «Soy…». Puedes repetir este ejercicio tantas veces como lo necesites. El listado de tus identidades podría incluir quién eres en tanto hermana, amiga, una persona que dice la verdad, una persona que cultiva o cuida la tierra, que danza, que cuenta cuentos, que cocina, una aliada, estudiante, docente, funcionaria pública, ciudadana del mundo, hija de Dios, una persona próspera, entre muchas más. Antes de iniciar el temporizador, toma una respiración profunda y con intención, y observa cómo se siente tu cuerpo. Toma el tiempo que necesites para sentirte anclada y conectada con tu propio ritmo antes de iniciar el temporizador. Anota todas las identidades que te vengan a la mente antes de que suene la alarma. Luego, revisa tu listado y elige las cuatro identidades que sean las más significativas para ti. Escribe cada una en los círculos de la primera hoja. Si tienes menos de cuatro en tu listado, no te preocupes, puedes llamar a una amiga y pedirle ayuda.
Después de colocar las identidades en los círculos, escribe una frase o afirmación que se relacione con cada identidad en la respectiva nube de pensamiento. Un ejemplo podría ser que hayas escrito «amiga» dentro de un círculo, y en la nube de pensamiento correspondiente podrías escribir «Amo la generosidad y la mirada amorosa con las que acompañas a las personas. Tu sentido del humor sana».
Si quisieras seguir profundizando, podrías imaginar una conversación entre tus distintas identidades. ¿Qué le diría tu amiga interna a tu sobreviviente interna? Quizás podrías darte un tiempo para escribir o programar el temporizador por cinco minutos y visualizar la conversación en que tu sobreviviente interna escucha lo que le diría tu amiga interna. Mientras te das el tiempo a recibir y sentir cada pensamiento que surge, manténte en conexión con la respiración.
Cuando estés por dar por finalizado el ejercicio, prueba a reflexionar sobre lo que surgió y lo que observaste. Podrías escribir tus observaciones en un cuaderno o compartir la experiencia con alguien de tu red de apoyo. Las siguientes preguntas podrían guiar tu reflexión:
¿Cómo te fue con este ejercicio?
¿Qué descubriste al escuchar las distintas partes de tu ser conversar entre ellas?
¿Cómo hubiese sido esta conversación hace cinco años? ¿Cómo te gustaría que fuera en cinco años más?