Actividad
Cuando te sientas preparada…
Te invitamos a conectar con tu cuerpo sintiéndote en el aquí y el ahora:
- Toma un par de respiraciones profundas, inhalando y exhalando.
- Te sugerimos posponer esta práctica si estás sintiéndote activada por cualquier desencadenante emocional.
Cuando te sientas enraizada y en conexión contigo misma, comenzamos:
Un breve repaso sobre los desencadenantes emocionales:
El desencadenante emocional (trigger en inglés) se explica por la percepción corporal del peligro en el entorno, y también aparece como una respuesta a nuestro estado físico o emocional. Puede surgir de algo que hemos sentido en el pasado y se presenta como un vacío en el vientre o una sensación de miedo. Se puede relacionar con personas, lugares, aromas, sonidos o imágenes. En algunos casos, los desencadenantes se sienten como si brotaran desde adentro en forma de pensamientos o sensaciones.
Los desencadenantes emocionales pueden surgir cuando enfrentamos una situación conocida o que percibimos como conocida. En este sentido, la reacción no es racional, sino más bien una respuesta que aplica lógicas de nuestro pasado a cuestiones nuevas. Es importante destacar que se presentan de forma única en cada persona, como si fuera una huella digital. Por tanto, debemos tratarlos con todo cuidado y no minimizarlos ni compararlos con las experiencias de alguien más. Lamentablemente, siempre habrá momentos en que puedas sentirte alterada; no obstante, puedes aprender a gestionar tu forma de reaccionar frente a un desencadenante emocional.
Te invitamos a tomarte un momento para explorar, con cuidado y suavidad, un suceso que te hace sentir activada.
Con el siguiente ejercicio, podrás explorar un momento específico en el qué te sentiste activada emocionalmente y observar la respuesta de tu cuerpo. Te invitamos a que elijas uno o varios incidentes con los que te sientas segura en la exploración, y que sientas la confianza de ser capaz de gestionar las posibles reacciones y sensaciones que pudieran aparecer.
Cuando estés lista para comenzar, dobla la hoja de papel a lo largo por la mitad.
En el lado izquierdo, sitúa el desencadenante emocional y, en el lado derecho, registra las respuestas que percibes en tu sistema nervioso. ¿Qué observas mientras piensas en el desencadenante emocional? Podrías concentrarte en un solo momento de activación a la vez. Otra opción sería transitar entre los diferentes momentos en conjunto y anotar las respuestas en cada situación.
Un ejemplo:
El desencadenante emocional: alguien hace una broma sobre la violencia sexual. La respuesta corporal: se aceleró mi ritmo cardiaco, sentí asco y tuve la sensación de desear salir corriendo.
El desencadenante emocional: el aroma de una comida que solía disfrutar mucho. La respuesta corporal: me pesan los hombros y se me revuelve el estómago.
Con el tiempo, el ejercicio de nombrar y observar las activaciones puede ayudarte a gestionar la intensidad que sientes frente a los desencadenantes emocionales. (Re)conocer las sensaciones corporales asociadas al desencadenante emocional te ayudará a gestionarlas de mejor manera. Intenta tener paciencia al explorar tu proceso de observación corporal. A veces necesitamos más tiempo para tomar contacto con las sensaciones que surgen del cuerpo.